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Esta mañana, en la avenida 27 de febrero, dirección Este-Oeste, llegando a la Núñ4ez de Cáceres, estuve al borde de un ataque de ansiedad.

 

Una ambulancia con la sirena a todo dar en medio de un taponazo. El semáforo en rojo. Los agentes de tránsito a la sombra de un árbol, imperturbables. Y aquel semáforo, nada de cambiar.

Nada que ver con la presteza, rayana en frenesí, con la que agilizan el tránsito cuando lo que viene es el séquito de un funcionario en perfecto estado de salud.

Cuando, finalmente, el semáforo cambió y la ambulancia pudo adelantar, yo también llegué al árbol bajo el cual los agentes estaban en chercha full.

Me paré y les dije: espero que sea la mamá de alguno de ustedes que vaya en esa ambulancia, partía de inconscientes.

No había botado el golpe cuando entré al estacionamiento subterráneo de una plaza comercial, lleno de letreros que decían claramente: FAVOR NO ESTACIONAR DE REVERSA.

¡Ja! Casi todos los carros, de nalgas. Analfabetismo funcional aparte, ¿qué sentido tiene pegar el baúl del carro a la pared, en un lugar donde se va principalmente a hacer compras?

¿Cómo se salva un país así?

COSETTE ALVAREZ

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